Oct 24, 2015

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ABSTENCIÓN: “todo lo que sentimos lo vamos a convertir en análisis crítico y ánimo de transformación”

Los jóvenes radicales estamos llenos de rabia e indignación. Sin embargo, como siempre, todo lo que sentimos lo vamos a convertir en análisis crítico y ánimo de transformación.

Nuestros dirigentes, en la tristemente célebre Convención de Gualeguaychú, decidieron entregar nuestros principios, ideología e historia para ponerla al servicio de un candidato ajeno a nosotros en todos los sentidos posibles.  En las formas y en el fondo. Contrario en valores, tradiciones y contenido.

Pasaron cada una de las cosas que dijimos que iban a pasar. Con dolor asistimos a la confirmación de nuestros pronósticos. No nos alegra haber acertado. Pero nos afianza en la seguridad de lo que creemos y sostenemos. Nuestras convicciones, inclaudicables, nos llevaron a tomar posicionamientos políticos arriesgados para defender el rumbo y la misión histórica del partido que configura para nosotros la expresión misma de la argentinidad hacia un futuro de libertad, igualdad y justicia.

Nos arrastraron hacia una estrategia electoral incoherente, desesperada y condenada al fracaso. Después del lento y trabajoso proceso de reconstrucción del partido en el que nos embarcamos luego del 2001, este es un golpe que será difícil de sobrellevar. Mientras hombres vetustos de traje negocian para salvar algún que otro cargo, nosotros somos los que defendemos el orgullo de ser radicales. Somos los que ponemos el cuerpo en cada barrio y en cada universidad. Somos los radicales herederos de la Declaración de Avellaneda. Somos quienes tomamos las enseñanzas de Lebesohn, más vigentes que nunca: El radicalismo no es una etiqueta que se coloca sobre un hombre como sobre un frasco en una droguería. Es un contenido. Quien no alienta pasión de justicia y a su influjo gobierna su vida, no es radical por más que así se titule y por alta que sea su ubicación en el escalafón partidario, el radicalismo es una forma de conducta y un estilo de vida”.

La principal noticia que arroja la elección del 9 de agosto es que por primera vez en casi 100 años, la Unión Cívica Radical no tendrá una fórmula presidencial propia en comicios generales.

Muchos correligionarios bienintencionados dejan en segundo plano la irrelevancia electoral del arribista y entreguista presidente del Comité Nacional, Ernesto Sanz. Afirman que puso el cuerpo para soportar una derrota humillante, pero que gracias a la conformación del frente Cambiemos, el radicalismo integrará una coalición con posibilidades de ganar. Si la UCR forma parte de un frente con ciertas chances de triunfo, lo verdaderamente significativo es analizar cuál es el lugar de nuestro partido en el armado político en cuestión. Luego del vergonzoso 3,4% de votos del conservador e impopular Sanz, la UCR es meramente furgón de cola de la candidatura de Mauricio Macri. El PRO define todas y cada una de las condiciones. Marca el discurso y la agenda, las políticas a aplicar y goza de plena hegemonía mediática para haberse configurado como la única y principal alternativa al peronismo kirchnerista.

Estos correligionarios que valoran la conformación de Cambiemos, crean una falsa y distorsionada antinomia entre república y populismo para justificar el voto a un símbolo de la clase empresaria antinacional y vaciadora del Estado como es Macri. Nos dicen que vale todo con tal de vencer al kirchnerismo. Que Macri, quien ostenta record en vetos a las leyes de la Legislatura Porteña y ha respondido de modo autoritario y represivo a toda protesta social, encarnará el liderazgo de un frente republicano que recuperará el respeto por las instituciones, la separación de poderes y la independencia del Poder Judicial. Nos resulta gracioso y hasta tragicómico que estos correligionarios se manifiesten a favor de acompañar a Macri sin siquiera un poco de vergüenza. Creer que el actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires pueda encabezar un frente amplio que siente las bases para el desarrollo de una sociedad democrática e igualitaria resulta ingenuo e imposible.

Lamentablemente, no comprenden tampoco que el hipotético triunfo de un partido alternativo a la UCR y el PJ en las elecciones nacionales, nos llevaría a un escenario de irrelevancia política y crisis cuasi terminal. Con el acuerdo con el PRO, le dimos entrada al nefasto partido amarillo a provincias y distritos en los que ni siquiera tenía personería jurídica. Nos arrebataron candidaturas a concejales, diputados y senadores. No es difícil imaginar que desde el Estado nacional, un gobierno de Macri haría especial hincapié en constituir al PRO como una fuerza verdaderamente nacional, rasgo que durante los tiempos modernos monopolizamos radicales y peronistas. Por tanto, un triunfo de Macri conlleva un grave riesgo para la preeminencia política del radicalismo en la historia argentina debido a la llegada al poder de una fuerza política alternativa de oposición al Partido Justicialista. Y mucho más grave aún, el radicalismo formaría parte (porque Sanz ya negoció su pequeño y miserable espacio) de un gobierno neoliberal, poco republicano, autoritario y de auténtico desprecio por el rol de lo público.  El único cargo que se llevaría la UCR en un gobierno del PRO sería el Ministerio de Justicia para el personaje más nefasto que ha dirigido los destinos del radicalismo en los últimos 30 años, Ernesto Sanz. Finalmente, el presidente del partido nos dio la razón. Entregó los principios, la coherencia y una estructura política centenaria por un cargo para él mismo. Simplemente por un arreglo personal.  Nos enorgullece haber entendido desde el comienzo su mezquina estrategia. Somos la única Franja del país que se manifestó con la estridencia que la historia demandaba. Por ello, tenemos la autoridad moral para hacer todos y cada uno de los planteos que creamos convenientes.

Por otro lado, obviamente, el camino tampoco es votar a Daniel Scioli. Descartamos de plano el mero hecho de considerar en votar a un candidato peronista neoconservador y continuador de los sucesivos gobiernos del PJ que tienen sumida a la Provincia de Buenos Aires –y tantas otras provincias- en la pobreza, el narcotráfico y el atraso permanente.

De este modo, a los jóvenes radicales no nos corren con encuestas ni operaciones mediáticas. El desvergonzado e interesado artilugio de polarización entre Macri y Scioli por parte de las principales empresas periodísticas de la Argentina, no nos afecta. Somos conscientes de nuestra doctrina y nuestro pensamiento, y por ello, no nos vamos a ver arrastrados hacia una falsa dicotomía entre candidatos que tienen más similitudes que diferencias.

Por otro lado, algunos correligionarios votarán por Stolbizer. Resulta innegable el hecho de que es la candidata más afín a las tradiciones y principios que tenemos incorporados los radicales.

Otros, optamos por no votar por aquellos que eligieron utilizar los caminos más simples y fáciles para trascender de modo personal. Dentro del partido todo, por fuera nada. El radicalismo se transforma desde adentro. Nunca desde afuera.

Asimismo, consideramos preciso señalar que por primera vez en la historia, los argentinos no tendremos un presidente formado en la Universidad Pública. Tanto Scioli, como Macri y Massa, son hijos de la educación privada. En este sentido, entendemos como una necesidad fundamental que el trabajo mancomunado de las diferentes organizaciones del radicalismo esté orientado en el fortalecimiento de la República y el rol del Estado frente a cualquiera de las tres variantes de la centroderecha que cuentan con posibilidades de gobernar la Argentina a partir del 10 de diciembre. La Unión Cívica Radical, así como la Juventud Radical y la Franja Morada, deberán estar a la vanguardia en la defensa de lo público, los intereses populares y la unidad latinoamericana.

 Por ello, retomando las más grandes gestas de nuestros antepasados,  los jóvenes reformistas que componemos la Franja Morada nos declaramos en abstención. No acompañamos a ninguno de los candidatos a presidente. Porque hoy, como ayer, seguimos siendo la causa contra el régimen.

Por un radicalismo socialdemócrata, participativo y popular. Por Alem, Yrigoyen y Alfonsín.

De un lado lo efímero, del otro lo perenne; de un lado lo de algunos, del otro lo de todos; de un lado el capricho, del otro la ley; de un lado la oligarquía gozadora, del otro el pueblo sufrido; de un lado el exitismo, del otro la esperanza, y con nosotros la voluntad resuelta a seguir combatiendo por los ideales de nuestra nacionalidad. 
En la iniquidad que denunciamos, el radicalismo se exalta y purifica como un leño en su llama. La prueba a que se nos somete es nuestra justificación ante la historia. La Unión Cívica Radical no vive de anécdotas electorales ni de días burocráticos, sino de ideales heroicos y de lustros históricos. Nuestro es el porvenir.”

Ricardo Rojas.

“Que se rompa pero que no se doble.

Adelante los que quedan.”

Leandro Alem

DERECHA NO

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